martes, 31 de julio de 2012

Inauguración "Muy New York" en Petit Gallerie

"Petit Gallerie no es una galería"

Tengo una debilidad especial por las personas y las cosas que se definen por lo que no son. Así. De pura contrera nomás.

"Petit Gallerie es la acción de arte de tres artistas visuales. Con la colaboración de los artistas que participen, la acción será instalarlas de modo que conformen una obra única" "Todas las muestras serán colectivas"

Provengo de una familia numerosa. Me sientan bien las pequeñas muchedumbres. Quizás, es cierto, porque no me quedó otra, la cosa es que me acomodo fácilmente en los colectivos. Puedo observar lo que me plazca. Puedo hablar. Puedo callarme. Puedo desaparecer. Puedo creerme la reina de la fiesta. Puedo irme sin ser vista. Puedo quedarme.

Un mismo soporte para un montón de gente diferente. Un almohadón. Una hoja de carpeta. Una bolsa de papel madera. Y la locura explosiva de encontrarse con lo más absolutamente singular partiendo de lo mismo. La potencia de la sorpresa.

Las convocatorias de Petit son diversión seria y generosa.

Y eso, a esta altura de la noche, se agradece infinitamente.


Las imágenes que siguen son de la inauguración del 29 de Julio del 2012, tomadas por Luli Q.











sábado, 21 de abril de 2012

desprenderse

"Espacio de arte y psicoanálisis en el Siglo XXI"
Martes 24 de abril de 19.30 a 22.30
Bolivar 1717


jueves, 1 de marzo de 2012

los albinos según R.


Finalmente R. se adentró en La Cueva. Él se fascinó con el Epílogo (que para mí continua algo inasible, como lo que me hizo llorar) y se enojó con los franceses (retomando una discusión que había tenido yo con M. un tiempo antes, cuando todavía estaba demasiado implicada en lo que había visto como para poder escuchar)

Cuando salió de La Cueva, me mandó un mail larguísimo titulado “Albinos” y al otro día un mensaje de texto que decía “Sos la más albina de tu familia” y no había ninguna duda de que se trataba de un piropo.

Para R. los cocodrilos son Herzog, el amante de lo deforme, de los enanos, de las excepciones, el amante de la locura. “Tan únicos, tan delirantes, tan bellos como los que pintaron las cavernas” Los cocodrilos albinos son, para R., obra de arte. ¿Cómo no iba a ser un piropo que me dijera albina?

Y después estuvo su enojo, claro, que abrió para mí una perspectiva distinta. Y es interesante porque R. divide el mundo en dos y sin embargo su ordenamiento no es reduccionista, no es simple. De un lado la invención, la creación; del otro la atribución de sentido, la explicación, la interpretación: “El que no representa, el que no juega el juego de la creación, juega el juego de la interpretación y cuando interpreta, interpreta para el poder”, para tenerlo, agregaría yo.

El enojo de R. es un enojo apasionado, contagioso. Se detiene en la insistencia de los franceses en “adueñarse otra vez del conocimiento, casi como hacen los yanquis con E.T. o los ingleses con los griegos”. Y se pregunta: “¿Qué más hay que pensar frente a esas líneas hermosas? Hay que llorar y listo. Es como un velorio. ¿Qué importa ya de qué se murió el muerto? ¿Cómo elevan un hecho más que nada sensible, una experiencia física, intentando intelectualizarla, desmenuzarla con la ciencia para poder tolerarla, para poder entenderla? ¿Se puede entender la muerte? ¿Se puede entender el misterio de la belleza?”

Yo le contesté que la peli trataba de eso para mí, de los límites del discurso científico para explicar lo que excede por mucho a las palabras, del encuentro de la ciencia con su imposible, pero que en realidad la ciencia también estaba hecha de relatos y que entonces de lo que se trataba era de los límites de cualquier ficción para explicar eso que él llamaba el misterio de la belleza o de la muerte.

Y entonces es como él dice, lo único que queda es “mirar esos trazos mientras te das cuenta que la idea de que el hombre progresa, evoluciona, es mentira. Eso dicen esos dibujos, que el arte no mejora con el tiempo, que esos dibujos no son menos bellos que un Da Vinci, ni más bellos que un Warhol. Son igual de provocadores de la experiencia de la belleza”
Parece que sí, es cierto, solo queda conmoverse. Llorar o reírse a carcajadas, o todo junto, como prefieran.